era
el oeste de luces
de todos mis sueños,
un siempre que irradiaba
color
Allí gobernabas
Erguida
como la primera hoja
de otoño
Intuyen
las canas de mi barba
que sigues haciéndolo,
no paran de repetirlo
los duendes del salón,
esa pandilla de hijos de puta
que se divierten
regando con tus fotos
el suelo del salón de mi casa.
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