sábado, 28 de julio de 2012

Imárgenes.


La playa que 
se alimenta 
de sí misma
cambia caracolas
por recuerdos,
limpiando de versos
las murallas de arena
esculpidas


Vive en tus tobillos
cuando 
asomas el cuerpo
a la tarde,
tapando las huellas
que tus pies 
dejan en la frente 
del espejo
que te devuelve
a mí,
cuando quiero ser
la voz del cielo 
a tus caderas

Existes
entonces,
aunque la vida 
nos niegue
el resto del día.

2 comentarios:

  1. Es un poema hermoso, Eusebio. Sencillo y conciso. Un abrazo, amigo.

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  2. Muchas gracias, Raúl. Un abrazo grande.

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