miércoles, 31 de diciembre de 2014

Althir

Se despertó.

Al incorporarse sintió un dolor agudo en la base de la espalda. El sueño rojo le había dejado marcas en la piel. Buscó sin éxito el sol para orientarse. ¿Cuántas horas llevaría allí?, pensó mientras se sacudía la sombra y tanteaba el suelo, hasta que encontró el carcaj.

El silencio era devastador, mucho más que cualquier nombre. Comenzó a caminar entre los restos de civilización como quien bordea la laguna estigia.

Tuvieron que pasar un par de horas, hasta que sintiera ese parpadeo a lo lejos. Era un intervalo que conectaba directamente con su corazón. Una luz ausente, como de piedra, pero que al cruzarse con su retina de elfo, activaba el engranaje. Algo le llamaba poderosamente la atención. Había leído desde niño que la intermitencia del espíritu, avisa de la presencia de la reina.

Pensó en el exilio de su pueblo, las horas tristes, el silencio de los árboles; el mensaje que poco a poco había calado en el corazón de la libertad, transformando el idioma de los niños.
Recordó la primera ola del mar alado, cuando su padre le arrojó a la felicidad de sentirse hijo del horizonte. Fue entonces, cuando la palabra Althir nació de su boca, y comenzaron a acudir cientos, miles de caballos de entre los árboles.

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