domingo, 18 de diciembre de 2011

Naciendo a Madrid.

Escogí el barrio de las luces.
La morada de Neptuno y Cibeles.
Donde la luna siempre cuelga a media noche, como si fuese a caerse.
Siempre fue mi lugar preferido.
Tenía sus calles incrustadas en la memoria, porque cerca del teatro María Guerrero vivían mis abuelos.
Cuántas veces paseé de la mano de mis padres por Recoletos.

Allí, a dos portales del café Gijón, alquilé una habitación.

Era una habitación pequeña, con dos armarios empotrados, una mesita minúscula y una televisión antigua.
Todo el espacio lo ocupaba la cama.
El cuarto de baño tenía una bañera enorme y un montón de velas dispuestas de manera anárquica.

Recuerdo el día que fui a ver la habitación antes de que tu vinieses.
Nevaba copiosamente, como si el cielo quisiese dar una capa de blanco a las calles.
Como si quisiera silenciar el humo y los coches, y que sólo quedasen los niños jugando a mediodía.
Apenas faltaban dos días para que llegases y yo estaba frenético.

Dos días, que fueron dos siglos.

Pero llegó el momento tan esperado.
Y allí estaba yo, en el aeropuerto de Barajas, en primera fila de una fila de personas que esperaban noticias de una doble puerta automática que no terminaba de abrirse.

Pero se abrió, y naciste a Madrid.
Con paso decidido, empujando un carro de maletas.

Te grite pero no me escuchaste, y me salté la barandilla que me separaba de ti y te seguí, recortando tiempo y espacio.
Llevabas un abrigo azul, botas negras y en la cara un poema.
Un conjunto de versos extendidos que copaban la belleza de esa mañana.

Ese instante, fue uno de los momentos mas felices de mi vida.

3 comentarios:

  1. Realmento es precioso Eu, me ha llenado de magia y emoción al leerlo!
    Saludos!

    Lisseth

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  2. Muchas gracias, Lisseth.
    Un saludo,
    Eusebio.

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